miércoles, 4 de septiembre de 2013

DANIEL RUIZ: Turismo con otra mirada

¿QUIÉN DIJO CRISIS? ¡Es hora de reinventarse!

El mundo no se acaba cuando un ciclo económico llega a su fin. Daniel Ruiz y su mujer, Maite Díez, son la prueba. El estallido de la burbuja acabó con sus trabajos (él, arquitecto; ella, financiera de una inmobiliaria). Pero han encontrado el reciclaje en la puerta de su casa. Viven en Aranjuez, una ciudad con un patrimonio artístico y paisajístico único en el mundo, que ahora ellos muestran a los turistas de una forma innovadora. Esta es su historia.

DANIEL RUIZ: Turismo con otra mirada

A veces el tesoro lo tenemos delante de los ojos, pero ponemos el foco tan lejos que no somos capaces de reparar en él. Daniel Ruiz y su mujer, Maite Díez, han tenido el acierto de verlo y la sensibilidad necesaria para hacer de ese hallazgo su apuesta laboral y vital. El descubrimiento ocurrió cuando más lo necesitaban, después de que el final de la fiebre del ladrillo se llevara por delante sus profesiones. Él, arquitecto, pasó de diseñar casas de lujo al desempleo. Ella, financiera en una inmobiliaria, tres cuartos de lo mismo. Sólo había dos caminos: emigrar o transformarse.

La solución a este dilema la encontraron en la puerta de casa. Viven en Aranjuez, una localidad que atesora un patrimonio arquitectónico y natural que está a años luz del uso que de él hacen los touroperadores que guían los pasos de los turistas llegados a Madrid con ganas de descubrir sus alrededores. Raro es el paquete que no incluye una excursión a El Escorial, pero la ruta hasta Aranjuez no es tan frecuente, y los pocos que operan aquí no suelen ir más allá del típico paseo guiado por el Palacio Real y sus jardines versallescos.

A Daniel, que es un enamorado de su profesión, no le cabía en la cabeza que las sorpresas arquitectónicas y paisajísticas que esconde su localidad y el rico bagaje cultural que silencian sus muros pasasen desapercibidos al ojo del visitante. A orillas del Tajo, en un entorno insuperable, la Mallorca de los Borbones del siglo XVIII era un escenario de cuento cuyo relato nadie se había parado a narrarles a los turistas como el marco requería.




Ese sentimiento de abandono se iba a convertir en el trampolín del triple salto laboral que estaban a punto de dar. El primer paso fue el blog que Ruiz abrió para recopilar, a partir de lo que encontró en los libros y le contaron los lugareños, las miles de historias menores de Aranjuez que hay impregnadas a sus edificios y estancias. Lo siguiente fue mirar de frente al inevitable reto: “¿Y si aprovechamos este patrimonio cultural y se lo mostramos a los viajeros como nadie lo ha hecho hasta ahora?”

La respuesta a esta pregunta es Focus Aranjuez, la empresa de ocio que han puesto en marcha esta primavera para enseñar la perla del Tajo, no como un destino turístico más, sino como un tesoro de las Bellas Artes único en el mundo. Montan funciones teatrales en las corralas como se hacía 300 años atrás, proponen rutas ecuestres y en piragua donde desvelan secretos del entorno natural, organizan paseos callejeros con actores vestidos de época que relatan lo que no cuentan las guías. “La idea no es hacer una visita, sino interpretar lo que el caminante ve, explicar el porqué de los edificios, crear una experiencia a partir de la excursión. Parece turismo, pero es algo más”, define Ruiz.

Uno nunca se reinventa del todo, siempre se trae retales de la vida anterior con los que construye la nueva identidad. Daniel es muy partidario de esta idea. De hecho, cree que lo que hace ahora es la síntesis de todo lo que hizo antes, desde las casas que edificó en el boom de la construcción a los decorados que diseñó en el teatro junto al escenógrafo Paco Leal, sin olvidar los meses que estuvo auditando edificios dañados por el terremoto de Lorca (Murcia), de donde procede parte de su familia. “Me interesa la rehabilitación, poner en valor todo lo que tiene el poso de la vida, aunque esté en mal estado”, señala. Por eso está tan encantado con Aranjuez, lugar que concibe como un escenario cargado de historia. En el fondo, no tiene la sensación de haber cambiado de oficio. “El arquitecto no sólo crea muros, también debe pensar en la actividad que ocurre en esos espacios. Ahora me dedico a esto”, aclara.

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