lunes, 12 de mayo de 2014

ANTONIO VEGA, el creador al que el mundo se le quedaba pequeño

Antonio Vega (Madrid, 1957-2009) es uno de esos extraños genios que surgen muy de vez en cuando portando un magnetismo personal que compite con la excelencia de su obra. Dotado de un don natural para componer canciones hermosas y delicadas, algunas erigidas en himnos generacionales, su recuerdo está marcado por los reflejos oscuros que desprendía su figura, arquetipo del antihéroe atormentado por las drogas. Objeto de adoración y lástima a partes iguales, incluso tras su muerte le persigue la controversia.

El próximo viernes se estrena la película-documental Antonio Vega. Tu voz entre otras mil, que traza un recorrido por la vida del cantante, desde su infancia hasta sus últimos días, a través de los testimonios de quienes le trataron y de multitud de documentos audiovisuales del artista, la mayoría inéditos. La cinta, de dos horas de duración, permite descubrir al Antonio más íntimo y personal y saciará la curiosidad de su legión de seguidores por conocer a su ídolo por dentro, pero la visión que ofrece de su relación con la heroína no ha gustado a su familia, que ha considerado la obra un mero relato de las andanzas de un drogadicto, y no el retrato de un artista sin igual.


En realidad, la película nació con Antonio de cuerpo presente. “El día de su muerte, en el tanatorio me llamó la atención que todo el mundo contaba historias divertidísimas y geniales sobre él. Pensé que el público debía conocer esa parte luminosa de su vida, no sólo el lado tenebroso, que era lo que todo el mundo identificaba con él”, cuenta la periodista Paloma Concejero, directora de la película, quien movida por la voluntad de “hacer justicia con el personaje y rendirle un homenaje”, empezó a las pocas semanas a realizar llamadas al entorno del cantante.

En el proceso de documentación fueron cruciales dos hallazgos: la familia de Antonio conserva cajones repletos de cintas de Súper 8 que muestran al artista en lances íntimos desde su infancia hasta la mili, un material nunca mostrado públicamente hasta ahora. La otra gran revelación es más cercana en el tiempo: durante sus últimos años de vida, Vega mantuvo periódicas conversaciones con el periodista Bosco Ussía, grabadora en mano, con idea de componer a partir de ellas su biografía.

Los vídeos domésticos del joven Antonio y sus confesiones descarnadas al final de su vida son dos de las grandes revelaciones de la película. La otra la aportan las personas que le trataron de cerca, muchas de las cuales hablan ahora sobre Vega ante de una cámara por primera vez.

A través de esas voces, el documental va componiendo un retrato poliédrico del personaje. Teresa Lloret, su primera mujer, que estuvo a su lado 18 años, recuerda las noches en vela, “resistiéndose a dormir para seguir sacando y sacando de su interior, sin parar de crear”. Su madre justifica la debilidad que sintió siempre hacia él “porque fue el que más me costó sacar adelante”. Nacho Béjar, músico y amigo de Antonio, destaca la impronta que desprendía: “Tenía algo que te movía a mimarlo y cuidarlo”.

Las grandes canciones de Vega ponen banda sonora a la película y acentúan el tono emocional que tiene el viaje por su mundo interior que propone la cinta. El músico revela secretos sobre la factura de algunas de sus grandes temas, como El sitio de mi recreo, que escribió una tarde del tirón. En otro momento, amigos y familiares se quedan sin aclarar si La chica de ayer realmente existió o era una metáfora más de su rico universo lírico.

Del adolescente loco por el alpinismo al cincuentón aficionado a la astronomía y la física cuántica, el documental se detiene en todas las luces, sombras, fobias y obsesiones de un artista dotado de una creatividad desbordante que confiesa en un momento: “A veces siento que el mundo se me queda pequeño”. Aunque atendiendo a la evolución de su rostro, la cinta es también el relato de la destrucción de una persona. Curiosamente, no acabó matando la droga, sino un cáncer.
Droga para la polémica

Hacia la mitad del documental, se establece un debate entre Carmen Alonso Colmenares, antigua novia del cantante, y otras personas de su entorno sobre cuándo y con quién probó el músico por primera vez la heroína. La adicción de Vega es uno de los ejes de la cinta, como lo fue de su vida. Por eso le ha extrañado tanto a la directora que la familia se haya sentido molesta por el tratamiento que le da a esta faceta de su vida.

Su sorpresa fue mayúscula cuando Carlos Vega, hermano de Antonio, le comunicó a principios de año que se sentía traicionado. “Un mes antes había visto la cinta en un pase privado y acabamos abrazados. La familia ha sido testigo de estos cinco años de trabajo y han tenido siempre acceso a la obra, no hay traición posible”, señala Concejero.

Al parecer, en el entorno de Vega han molestado especialmente ciertas imágenes, como las de los poblados del extrarradio de Madrid donde se cuenta que Antonio iba a buscar droga. “La película no es escabrosa. Si hubiera querido ahondar en el morbo, podría haber usado muchas grabaciones que por respeto eliminé”, se defiende la realizadora, y se pregunta: “¿Alguien se imagina una película sobre Antonio Vega que no toque el tema de la droga?”.



1 comentario:

  1. He visto la película y me parece muy respetuosa Antonio siempre hablo de las drogas sin ningún problema y de sus visitas a las barranquillas comprendo que a su familia les moleste pero esa era la realidad de Antonio una persona con sus luces y sus sombras .

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