miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL DEBATE DE LA EUTANASIA. Pilar, con un cáncer terminal, ya ha elegido ataúd. Ahora le falta decidir el día para decir adiós

Pilar García, madrileña del barrio de Lavapiés de 55 años, ha acudido esta semana a la funeraria para elegir ataúd. También ha dejado anotado cómo quiere que sea su velatorio –“sin motivos religiosos, con el féretro cerrado y sobre él una foto mía en la que esté alegre”, aclara-, y hasta el texto que llevará la corona. A finales de noviembre piensa reunir en su casa a su hijo, su hermano y tres personas más, y en compañía de ellos se va a tomar el compuesto químico que ya tiene preparado. A los cinco minutos, se dormirá. A los diez, un paro cardíaco acabará con su vida. Sólo le falta elegir el día. “Uno que le venga bien a todo el mundo, que tampoco quiero molestar”, dice con una sonrisa de oreja a oreja.

Pilar tiene la voz quebradiza y su aspecto dista bastante del que tiene en la foto que ilustra esta página, tomada este pasado verano, pero gasta un discurso contundente, y a la vez sereno, que borra de un plumazo todos los dimes y diretes que rodean el debate de la eutanasia. 




Desde hace catorce años viene batallando con el cáncer, al que venció en el 2000 y el 2007, pero hace un año y medio le anunciaron que su cuerpo era un campo minado de metástasis. “Me resulta más fácil decir dónde no tengo tumores para acabar antes”, resume sin dejar de sonreír.

Catorce años dan para pensar en la muerte hasta perderle el miedo, y Pilar no ha desperdiciado este tiempo. Firmó en su día su testamento vital para garantizarse que, llegado el momento, no le alargarían la vida innecesariamente de forma artificial; contactó con la asociación para la Defensa a Morir Dignamente (DMD) para asesorarse; y decidió, en permanente diálogo con su oncólogo, que cuando la metástasis llegara a los huesos dejaría de luchar. Ese momento ya ha llegado.

Ahora mismo, ante Pilar se presentan dos caminos. Siguiendo el protocolo que suele aplicarse a casos como el suyo, los médicos le proponen ingresarla en un hospital para empezar a aplicarle tratamientos paliativos, que progresivamente irán siendo cada vez más intensos. Entre medias, tendrían que operarla para cambiarle un bypass que lleva instalado en el riñón, que está a punto de caducar. “¿Y todo eso para qué? ¿Para aguantar unas semanas más a cambio de estar hecha un trapo en una cama de hospital, vomitando mis propios intestinos, puesta hasta arriba de opiáceos y sin enterarme de nada?”, pregunta señalando la caja de morfina que le dieron los facultativos, y que se niega a tomar.

El otro camino es el que tiene en mente. “Los médicos hablan de cuatro meses, pero el cuerpo te cuenta cosas, y el mío me dice que no voy a aguantar tanto. No quiero pasar por todo eso, me niego. Deseo morir como he vivido, consciente de todo lo que me ocurría, no sin enterarme. Quiero morir serena, no hecha un trapo”, declara.

En estos días ha dado la vuelta al mundo el vídeo de Brittany Maynard, la estadounidense de 29 años afectada por un cáncer terminal que ha anunciado su intención de acortar su vida para librarse de la dolorosa agonía que le espera hasta que la enfermedad acabe con ella. García no desea un protagonismo parecido, prefiere vivir este trance más tranquila, pero reconoce que su caso es similar. Al igual que Maynard, ella también reclama su derecho a decidir sobre su existencia hasta el último momento. “¿Por qué debe ser un médico quien señale el dolor que puedo aguantar hasta recibir una sedación que acabe con mi vida? ¿A quién beneficia ese sufrimiento innecesario?”, pregunta.

La enfermedad no ha logrado borrar en Pilar el ímpetu que ha hecho de ella un rabo de lagartija desde que era una cría. Abogada de profesión, ha trabajado muchos años como directora comercial y ha montado varia empresas. La última, una editorial de publicaciones turísticas. Estaba en Chile poniendo en marcha un nuevo proyecto empresarial cuando el cáncer volvió a su vida, ahora para quedarse.

Había que hacerle sitio, pero ese nuevo visitante, cada vez más invasivo, no le impidió seguir con su blog de decoración y reciclaje -“se llama citogenia, por lo de la renovación celular”, aclara- ni continuar con su faceta artística. Ha formado parte de varios grupos líricos, ha actuado con compañías de revistas y hasta ha cantado góspel. “Mi vida ha sido muy intensa. Por eso me niego a despedirme de ella sin enterarme”, afirma.

En una situación como la suya, lo normal sería estar recibiendo ánimos de todo el mundo. En su caso, es ella la que se encarga de repartir humor y optimismo a su entorno. “Mira, voy a dejar un bonito cadáver, como Marilyn”, le dijo entre risas a su hermano cuando le anuncio que su final ya tenía fecha señalada. Resulta escalofriante oírla hablar con tanto desapego del trance al que se enfrenta, pero ni ella misma sabe de dónde obtiene la serenidad con la que se dispone a vivir sus últimos días. “No es por la enfermedad, yo ya pensaba esto antes, pero ahora lo tengo delante. No me da miedo la muerte, sí morir hecha una piltrafa. Me niego”, señala.

Es afortunada: si padeciera una enfermedad que la incapacitara totalmente, le sería imposible conseguir el medicamento que va a poner fin a su vida sin comprometer la seguridad de sus cercanos. A pocos días de morir, el debate de la eutanasia le resulta peregrino. “No me cabe en la cabeza que pueda ser delito ayudar a alguien como yo”, declara. Se indigna cuando oye algunas palabras. “Que quede claro: yo no me voy a suicidar. Yo no quiero morir, quiero vivir, pero lo que me espera es inhumano. Esto no es suicidarme, es evitarme un sufrimiento innecesario”, continúa.

Pilar dice afrontar con alegría los días que le esperan de aquí a su desenlace final. “Me quedan unos flecos por resolver, pero tengo tiempo”, señala. Quiere despedirse de todo y de todos adecuadamente, sin prisas, sin agobios, pero consciente. Y, sobre todo, tranquila. “Nadie imagina la paz que me da saber que no voy a pasar por la agonía que me tenían preparada”, suspira sin borrar nunca la sonrisa de su cara.


MÁS DATOS: La eutanasia en España:

El debate de la eutanasia es un Guadiana que aparece y desaparece de la agenda pública a golpe de historias personales. Está presente cuando surge algún caso sonado y el resto del tiempo no parece figurar entre las prioridades de la población. Sin embargo, el número de personas que han firmado el testamento vital no ha parado de crecer en los últimos años: ya hay 53.000 ciudadanos en Catalunya y 170.000 en toda España, la mayoría mujeres, que han declarado expresamente su deseo de morir sin dolor.

La popularidad de los tratamientos que hacen más llevadero el tramo final de la vida a los enfermos desahuciados contrasta con el escaso reflejo que esta demanda tiene en los programas de los partidos políticos. El Barómetro Sanitario del CIS del 2011 reflejaba que el 77,5 por ciento de la población es partidario de que se apruebe una ley que regule el derecho a tener una muerte digna, pero actualmente no hay a la vista ningún cambio en la legislación. El nuevo líder del PSOE, Pedro Sánchez, sugirió recientemente en un mitin que ese derecho debía incluirse en la reforma de la Constitución, pero la idea no se ha trasladado hasta la fecha a una propuesta firme.

Hoy sigue operando el artículo 143 del código penal de 1995, que condena a penas de prisión de seis a diez años a todo el que coopere en el suicidio de una persona. La ley de Autonomía del Paciente, del 2002, regulaba el testamento vital, pero desde entonces sólo tres comunidades autónomas –Andalucía, Aragón y Navarra- han dictado leyes específicas referidas al último tramo de la vida de los ciudadanos. Los parlamentos del País Vasco y Canarias han anunciado su intención de debatirlo.

El texto andaluz, del 2010, es considerado el reglamento más avanzado que hay en España en materia de asistencia a los enfermos terminales que desean vivir ese trance en las mejores condiciones, ya que les concede la última decisión sobre los tratamientos que desean seguir. Sin embargo, está lejos de leyes como la holandesa y la belga, que sí hablan abiertamente de suicidio asistido y eutanasia.

“La sociedad está madura para afrontar este debate, pero los partidos no se atreven a plantearlo. Tienen miedo a la palabra eutanasia, que sigue dando yuyu porque hay quien insiste en confundirla con la eugenesia”, señala el doctor Luis Montes, presidente federal de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), que calcula que cada año se dan en España entre 8.000 y 13.000 solicitudes de eutanasia ignoradas.

Que la legislación no la contemple no significa que no esté presente. “Hay multitud de eutanasias encubiertas, pero no trascienden, o los jueces no se atreven a juzgarlos. Nunca se ha condenado a nadie en España por este motivo”, destaca Gustavo Subirats, portavoz de la asociación catalana Dret a Morir Dignament.

Desde el 2008, al menos ocho españoles han viajado a Suiza para que les ayudaran a suicidarse. Para concienciar a la población, DMD acaba de lanzar la campaña ‘El anuncio más largo del mundo’, que muestra en un vídeo de 25 horas ininterrumpidas cómo es la vida de un enfermo terminal y cuestiona hasta dónde es posible aguantar esa situación.


MÁS DATOS: Los conceptos:

EUTANASIA:
Es la administración de fármacos a un enfermo terminal con el fin de acabar con su vida para evitarle mayores sufrimientos. Debe solicitarse voluntariamente y sólo puede aplicarla un médico.

SUICIDIO ASISTIDO:Es similar a la eutanasia, pero en esta ocasión es el afectado, y no un tercero, el que ingiere los medicamentos que le provocarán la muerte. La otra persona, que no necesariamente debe ser un médico, se limita a prestar ayuda.

TESTAMENTO VITAL:
Es un documento donde el ciudadano indica cómo desea ser tratado cuando sufra una enfermedad terminal que anule su voluntad. Catalunya fue la primera comunidad que reguló su registro.

CÓDIGO PENAL:El artículo 143 del código penal de 1995 castiga con penas de cuatro a ocho años al que induzca al suicidio de una persona, de dos a cinco años si coopera con dicho suicidio y con cárcel de seis a diez años si esa cooperación llega a causarle la muerte.


MÁS DATOS. La eutanasia en el mundo:

-HOLANDAEn el 2001, y después de más de 30 años de debate público sobre este asunto, se convirtió en el primer país del mundo en aprobar una ley que permitía la eutanasia, contando con el visto bueno del 73 % de la población, según las encuestas. El texto autorizaba tanto la eutanasia como el suicidio asistido. En los primeros años se mantuvo estable la tasa de solicitudes, pero desde 2008 se han disparado las peticiones. Actualmente es uno de los recursos más demandado por los enfermos de cáncer. En el 2012 se practicaron 4.200 eutanasias en Holanda, cuya ley impide aplicarla a extranjeros, por lo que está prohibido el ‘turismo de eutanasia’.

-BÉLGICA Y LUXEMBURGOPocos meses después de Holanda, en mayo del 2002, Bélgica se convirtió en el segundo país del mundo que permitía legalmente la eutanasia. Desde entonces, las solicitudes no han dejado de crecer, llegando a practicarse 1.432 casos en el 2012. El parlamento belga hizo el pasado invierno extensivo este derecho a los menores, sin límite de edad (Holanda lo permite hasta los 12 años), aunque siempre para enfermedades incurables y en casos que cumplan estrictos requisitos. Hace un mes, la justicia belga autorizó que se le aplicara la eutanasia a un violador y asesino, preso en una cárcel, que así lo había solicitado. En el 2008, Luxemburgo pasó a ser el tercer país del mundo que legalizaba la eutanasia.

-SUIZALa eutanasia sigue considerándose un delito en el país helvético, pero el suicidio asistido es legal desde el 2008. Esta asistencia no necesariamente debe ser ofrecida por un médico. El reglamento sólo exige que quien presta la ayuda no se mueva por intereses económicos. La legislación suiza también permite aplicar suicidios asistidos a extranjeros, lo que ha animado a multitud de europeos a viajar a este país para quitarse la vida legalmente, sobre todo alemanes, británicos y franceses. Desde el 2009, un total de 611 extranjeros, 8 de ellos españoles, se sometieron a procesos de suicidio asistido en territorio suizo, normalmente ayudados por asociaciones como EXIT, DIGNITAS o LIFECIRCLE.

-QUEBEC
Después de cuatro años de intensos debates, por 94 votos a favor y 22 en contra, el parlamento de la región autónoma canadiense de Quebec aprobó en junio de este año la ‘Ley sobre cuidados al final de la vida, que regula la sedación paliativa y la ayuda médica a morir. La ley canadiense respeta el derecho de un médico a rechazar la petición de un enfermo terminal a poner fin a su vida por convicciones morales y personales, pero en ese caso el centro sanitario debe proponerle al paciente otro profesional que cumpla sus deseos. También se regula el testamento vital, que hasta ahora no estaba contemplado por la legislación quebequés.

-REINO UNIDO Y FRANCIA En ambos países se han producido movimientos recientemente que hacen pensar que en el futuro inmediato puedan sumarse a los cuatro estados europeos donde la eutanasia es legal. La cámara de los Lores de Reino Unido ha empezado a debatir la posibilidad de autorizar el suicidio asistido. De superar este trámite, posteriormente debería ser votado en la cámara de los Comunes. Por su parte, el presidente francés, Françoise Hollande, anunció al comienzo de su legislatura que iba a poner en marcha la ley de eutanasia, pero aún no ha activado su tramitación. El Colegio de Médicos francés autorizó el año pasado la sedación terminal para pacientes sin esperanzas de vida que lo soliciten.



No hay comentarios:

Publicar un comentario