lunes, 6 de abril de 2015

LAS ENCUESTAS DEL AÑO ELECTORAL 2015: ¿Cómo adivinar qué harán los infieles votantes de hoy?

Los analistas demoscópicos comparten con los meteorólogos una doble fatalidad: los dos viven de medir intangibles –unos, los gustos de la gente; los otros, la atmósfera-, y aunque todos estimamos sus pronósticos, sólo acostumbran a ser noticia cuando se equivocan, lo que suele ocurrir a menudo dada la naturaleza imprevisible de su objeto de estudio. En el caso de los sondistas de estados de opinión, a las dificultades de su oficio se ha añadido en los últimos tiempos un enrarecimiento del material con el que trabajan.

El escenario político que ha marcado la historia de este país en los últimos 30 años ha saltado por los aires en apenas unos meses al calor de una inaudita volatilidad en las intenciones de voto de la gente. De pronto, la tarta que en España solían compartir dos –PP y PSOE-, se trocea ahora en cuatro partes iguales tras la irrupción de Podemos y Ciudadanos. En el caso de Catalunya, el juego se reparte entre ocho opciones con aspiraciones a formar parte del Parlament en otoño. ¿Cómo interpretar un panorama electoral tan fragmentado? ¿Quién se atreve a adivinar las intenciones de una ciudadanía tan cambiante?

De pronto, la de analista demoscópico se ha convertido en una profesión de riesgo. Los responsables de los principales institutos de opinión del país reconocen que su trabajo se ha vuelto más difícil, aunque también más apasionante. Estas son las claves del tablero político y demoscópico de España en 2015.

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1.- ¿Cuándo estalló realmente el panorama electoral?
Hace un año a estas horas, las encuestas ofrecían una radiografía del país que no invitaba a pensar en grandes sobresaltos: el PP perdía apoyos pero mantenía alto su suelo, el PSOE seguía sin capitalizar el enfado de los ciudadanos y a lo lejos asomaban pequeñas formaciones que parecían recoger el descontento popular, pero muy tímidamente. Los sondeos más atrevidos daban a Podemos dos eurodiputados y no más del 5% de los votos.

Esta estampa se esfumó en la noche del 25 de mayo. Contra todo pronóstico, la formación de Pablo Iglesias logró seis escaños en Bruselas y suya fue una de cada diez papeletas. ¿Inesperado? “No tanto”, advierte Belén Barreiro, directora de la firma de análisis sociales Myword, quien aclara: “Desde el 2012, nuestros estudios revelaban que en España había hueco para un nuevo partido que atrajera a los que se habían quedado huérfanos políticos. Sólo faltaba que alguien supiera captarlos”, explica. Según José Juan Toharia, director de Metroscopia, la sorpresa de Podemos se explica por el poco tiempo que hubo para detectarla –el partido nació poco antes de los comicios- y porque sólo votó el 45% del censo, pero la marea de fondo venía de atrás. “El 15-M ha tardado tres años en cristalizar en un partido, pero en el 2012 ya lo detectábamos”, afirma.


2.- ¿Publicar encuestas condiciona a los futuros votantes?
Los expertos en sondeos tienen identificado el llamado ‘efecto caballo ganador’, según el cual la gente tiende a apoyar la opción que se destaca del resto. Este fenómeno sigue presente en el electorado español, pero con matices. Al día siguiente a los comicios europeos, Metroscopia hizo una encuesta que arrojó un resultado sorprendente: el porcentaje de ciudadanos que se declaraba votante de Podemos triplicaba al cosechado en las urnas. “Los que veían con buenos ojos a la formación de Iglesias, pero no le habían votado, dejaron de sentirse unos frikis al ver que las encuestas les confirmaban”, analiza José Juan Toharia.

“La gente perfila su voto en base a lo que cree que puede pasar y cada vez posterga más su decisión”, advierte Jordi Argelaguet, director del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO). “Lo que ya no existe es el ‘voto útil’, ni el ‘voto a la contra’. Antes, muchos simpatizantes del PP, pero con dudas, les votaban si las encuestas auguraban una victoria del PSOE. Ahora optan por Ciudadanos”, advierte José Miguel de Elías, director de Sigma Dos, quien advierte: “En las últimas europeas, el 14% decidió su voto el día de las elecciones”.


3.- ¿Qué ha cambiado en el electorado en los últimos años?
Más allá de la política, Belén Barreiro ha detectado una llamativa novedad en el ciudadano medio español: “La gente ha perdido el miedo a cambiar y ha abandonado la fidelidad a las marcas. Está más dispuesta a irse con la oferta que mejor le convenga”, señala. La conclusión es inmediata: “Si somos infieles a nuestra compañía de teléfonos, ¿cómo no vamos a serlo a los partidos? Al final, los que votamos y compramos somos los mismos”, plantea la directora de Myword.

Esa mayor predisposición para el cambio de chaqueta puede explicar el rasgo electoral que destacan con más ahínco los expertos en demoscopia: la volatilidad. “Hace años, un votante cumplía lo que decía. Ahora cambia de un día para otro. No logramos hacer dos encuestas iguales en dos semanas sucesivas”, señala Ángels Pont, directora de Gesop.

Las casas de sondeos trabajan como siempre: a partir de los datos que recaban en sus encuestas telefónicas –en llamadas a fijos y ahora también a móviles-, presenciales –así son las de los institutos públicos CIS y CEO-, o mediante cuestionarios online. Pero la cocina de esos datos ha tenido que adaptarse a esta mayor volatilidad. “Acertar es hoy más difícil. La gente ha modificado la relación que mantenía con los partidos y muchos optan por formaciones nuevas, que no acumulan recuerdo de voto. Esto nos pone borroso el retrovisor para interpretar sus intenciones”, aduce Jordi Arguelaguet.


4.- ¿Podemos dar por muerto el bipartidismo?
¿Qué les ha sucedido al PP y al PSOE para que los otrora intocables dueños de la vida política estatal estén siendo discutidos por dos formaciones recién llegadas? Cada uno ha seguido su camino, pero comparten un mismo sino: “El dilema viejo-nuevo anima a los votantes a buscar siglas que no existieran hace tres años, les da igual sus programas electorales. Por eso, hasta IU y UPyD salen mal parados”, observa José Miguel de Elías, de Sigma Dos.

La crisis no sólo ha destrozado las economías de las familias; también ha dinamitado los suelos electorales de partidos que creían vivir sobre hormigón armado. “La mitad de los votantes del PP del 2011 reniega hoy de este partido. Nunca hubo tantos infieles en las filas populares. Hasta enero, se inclinaban por la abstención o por Podemos; ahora, optan por Ciudadanos”, revela José Juan Toharia. ¿Ese grupo puede esconder voto oculto? “El PP tiene más voto enfadado que oculto”, asegura el director de Metroscopia.

Tras el bombazo que supuso la irrupción de Podemos la primavera pasada, el subidón del partido de Albert Rivera en las encuestas suena a segunda fase del asalto de los nuevos. Mientras tanto, ninguno de los partidos del antiguo bipartidismo emite señal alguna de recuperación. “Se han quedado fosilizados en el hundimiento. Al PP, la llegada de Ciudadanos le está haciendo pagar la factura de la corrupción, que antes no le dañaba, y el PSOE está desdibujado. Ya no se habla mal de él. Ahora, directamente, ni se le menciona”, advierte Belén Barreiro.


5.- ¿Cómo está Catalunya a seis meses de las elecciones?
A la dificultad de interpretar los pálpitos del hoy voluble votante español, en Catalunya se añade la gran fragmentación que presenta su paisaje electoral –los sondeos auguran la presencia de ocho partidos en el Parlament tras las elecciones de septiembre- y el filtro del proceso independentista. El barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió presentado hace una semana anunciaba una bajada del polo soberanista, confirmaba que Podemos ha llegado a Catalunya para quedarse y apuntaba una subida de Ciutadans propulsado por el empuje recibido por esta formación en el resto del Estado. Jordi Argelaguet, director del centro, matiza estos grandes titulares: “En realidad, el 44% de catalanes que desean que Catalunya sea un Estado no ha bajado significativamente. La noticia es que los que se oponen a la independencia, que antes no estaban movilizados, y por tanto tenían más margen de crecimiento, ahora están más activos. Estamos en un empate técnico”, señala el analista.

“La irrupción de Podemos ha introducido el factor ideológico en un debate público que antes estaba monopolizado por el soberanismo”, entiende Ángels Pont. La consecuencia es que los miles de catalanes que antes votaban en las generales pero pasaban de las autonómicas, ahora sí quieren opinar sobre el Parlament. “Y al revés: los que sólo votaban en las catalanas, ahora también quieren decidir quién les representa en Madrid. Cada vez se parecen más las dos elecciones”, observa Argelaguet.


6.- ¿Qué puede pasar desde aquí hasta noviembre?
Podemos y Ciudadanos son los protagonistas del momento. Han despuntado con una fuerza desorbitada pasando de la nada a postularse como primeras fuerzas políticas del país. De hecho, la formación de Pablo Iglesias aparece desde el verano en todas las encuestas como la número uno en intención directa de voto y Ciudadanos ha experimentado desde enero el mayor crecimiento demoscópico que se recuerda en la historia democrática de España. “Podemos se ha alimentado de muchos ex abstencionistas, y eso entraña un riesgo. Quizá parte de ellos decidan en el último momento quedarse en casa. El año se le puede hacer muy largo a Podemos”, apunta Ángels Pont, directora de Gesop.

Los dos nuevos partidos han transformado en gasolina el ambiente de volatilidad que se respira en el país, pero ese material es muy combustible y puede volverse contra ellos. “La política en España se ha convertido en un Gran Hermano. Hay demasiada presencia mediática y mucha vigilancia. Cualquier metedura de pata puede ser letal”, advierte Belén Barreiro, quien augura un diferente recorrido en los próximos meses a cada uno de los recién llegados: “Podemos ha crecido gracias al factor emocional, pero la emoción es fugaz, dura lo que dura el enamoramiento. No les veo proponiendo soluciones y sí demasiado encerrados en su núcleo duro. En cambio, Ciudadanos se ha abierto a la participación de expertos y sí ofrecen medidas. No descartaría que Ciudadanos ganara las elecciones en noviembre”.

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