martes, 14 de julio de 2015

JAVIER KRAHE: "Me he acostumbrado a no entender nada"


Hace diez años, con motivo del disco homenaje que le brindaron figuras como Sabina, Serrat, Alejandro Sanz, Miguel Ríos, Wyoming y Santiago Segura, entre otros, titulado 'Todo es vanidad', Javier Krahe se prestó a charlar un rato acerca de lo divino y lo humano. También sobre cómo andaba el patio político en aquel final del 2004. 

Ahora que su corazón ha decidido llevarle a cantar a otros escenarios de donde nadie suele volver para contarlo, su voz y sus reflexiones suenan aún más lúcidas y certeras. Ser único y genial, Krahe deja uno de esos huecos imposible de rellenar. Con su marcha no sólo pierde él, perdemos todos.

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ENTREVISTA DE DICIEMBRE DE 2004. Han caído muros, gobiernos, modas, costumbres, milenios. Pero él conserva intactos la pinta, el verbo y el gesto golfo y tierno que le delataron cuando se subió a un escenario por primera vez, hace 25 años, toda una eternidad. Ese tiempo lleva apedreando estatuas, subiendo sotanas, suspirando amores, limando cuernos. Y hoy lo sigue haciendo como el primer día, sin ruido, casi susurrando. Un par de veces por semana canta para un auditorio de no más de 300 personas. Vive de eso, no pide más. Ahora, una selecta manifestación de rostros conocidos que le veneran (Sabina, Serrat, Alejandro Sanz, Miguel Ríos, Wyoming, Segura…) se ha plantado ante su casa para cantarle en un disco doble sus canciones a modo de homenaje: …Todo es vanidad. Él prefiere hablar de “regalo”.

Descargar entrevista del 2004 en las páginas del Periódico 



-¿Por qué se oponía a este tributo?
-Los homenajes se hacen al que ya se ha retirado, por no decir al que se ha muerto. Yo estoy todavía indagando, acabo de estrenar canciones nuevas. Tengo que durar unos años más.

-¿No se merece este homenaje?
-Hago canciones porque me gusta, no creo que me merezca un homenaje por eso. ¡Pero si me he tomado la vida entera a pitorreo! Hombre, un homenaje, entiendo que se lo hagan a Greenpeace. Esa gente sí se lo merece.

-Lleva muchos años oyendo alabanzas. ¿Cómo se protege contra eso?
-Con ironía, viendo el lado burlón que tiene todo eso. No te lo puedes tomar en serio, si no, vas mal parado. En el fondo, todo es vanidad, ya lo dice el disco. Está acreditado, desde la Biblia, todo es vanidad, no le quepa duda.

-Dicen que el artista canta porque quiere que le quieran. ¿Es su caso? ¿Por qué canta?
-Uy, a estas alturas… canto porque es mi profesión. Yo nunca he tenido profesión, pero al final resulta que la mía es ésta: hacer canciones y subirme al escenario. Ando muy bien cubierto de afectos en mi vida privada, pero cuando uno canta busca gustar, sentir, seducir. Es que si no, no tendría la cara dura de subirme a una tarima. También debo tener cierta necesidad de expresar, de opinar sobre las situaciones de la vida. Ya que no pueden cambiarse las cosas, al menos intentemos cambiar los puntos de vista.

-Una canción también es un arma. ¿Usted escribe para agitar?
-Mis canciones no son armas, son escudos. Canto para protegerme. Las que tienen contenido social, que son poquísimas en mi carrera, las hago porque me está molestando alguna situación y necesito defenderme de ella. ¿Atacar? No. Si yo sé que es inútil. ¿Cómo atacas lo social? Eso no hay manera de atacarlo, sólo de defenderse.

-¿De qué se defiende?
-De la imbecilidad reinante, que es la misma de siempre. No sé, yo abro el periódico, lo leo, y no me gustan las cosas que pasan. Pero tampoco me obligo a manifestarme por todo, no todo me mueve a hacer canciones.

-¿Hay que protegerse más, o menos, ahora que hace 20 años?
-Igual. Ahora hay elementos de novedad, como que todo sea muy masivo y todo eso, pero en el fondo es lo de siempre. Y si leo a un autor medieval, veo lo mismo. Ahora se dice que todo lo mide el dinero. ¡Si ya Quevedo contaba que poderoso caballero es don dinero! Por no hablar del Rey Midas. No encuentro la novedad por ningún lado.

-Decía Wyoming que este país no será un país serio hasta que Javier Krahe no vendan cinco millones de discos. ¿Qué opina?
-Yo me desentiendo por completo. Siempre he vendido bastante poco. Sin embargo, se me ha sido dado el privilegio de poder vivir de la canción, y eso es un lujo, me envidio a mí mismo. Para mí es suficiente. La garantía de calidad no la da el número, ni lo quita. De lo que se trata es de poder vivir de lo que te gusta. Cómo vas al trabajo, en limusina o en metro, es lo de menos.

-Este disco-homenaje se vende con el subtítulo: “Canciones de Krahe cantadas por gente más famosa que él”.
-Es cierto, soy poco conocido, apenas nadie me para en la calle. Eso está muy bien. Tengo amigos famosos y es agobiante ir con ellos, los paran todo el rato. No me cambio por ellos, no me interesa ser famoso. Pero es que, a lo mejor, lo que yo hago no tiene porqué gustar tanto. Yo sólo pido que le guste a suficiente gente para poder seguir ganándome la vida con esto. Sólo pido que donde vaya a cantar, haya 300 personas, no necesito 300.000.

-Compare un recital suyo de ahora con uno de la Mandrágora.
-Ahora ya lo hago incluso bien. He necesitado muchos años subiendo al escenario para lograrlo. Era muy interesante aquello de ponerte nervioso y creer que todo te va a salir mal, pero se sufría mucho. También me ha costado desprenderme de las rimas, teniendo en cuenta que me vienen solas. Curiosamente, lo que la gente aprecia de mí es que escribo muy medidito todo, pero para mí lo difícil es escribir sin rima. A veces, sin la obligación de la forma, de la rima, no sé qué decir.

-¿Cómo se lleva con los jóvenes, los entiende?
-Tengo hijos jóvenes, conozco a sus amigos, y me llevo bien con ellos. Están perplejos, no entienden nada, lo mismo que nos pasaba a nosotros a los 20. Lo que sucede es que yo me he acostumbrado a no entender nada, mi hijo todavía no. A veces me preguntan por cosas trascendentales. Y yo le digo: hijo, puedo enseñarte a hacer una mayonesa, pero no me preguntes por qué estamos en el mundo.

-¿Los 60 son como los imaginaba?
-El cambio lo noté a los 52. De pronto me encontré mayor. Estaba en la cafetería del Teatro María Guerrero de Madrid, había conocido a una chica y me contó que tenía 18 años. De repente me dije: ¿qué hago yo aquí hablando contigo, con malas intenciones, por supuesto? ¿Qué hago con una de 18? Un año antes no me habría fijado en ese detalle. Y ahora, a los 60, ya nada me importa.

-¿Ya no se para a hablar con chicas de 18?
-Hombre, hablar por hablar, sí. Si es con malas intenciones, no. Debe tener 35 años por lo menos, lo exijo.

-¿Sigue fumando cigarrillos de atrezzo?
-Sí, y bebiendo whisky de atrezzo, esa costumbre no la he perdido.

-¿Su última canción de qué va?
-Hablo de Pedro Duque. Dice así: “Debido a algún trauma sexual de mi infancia, me da mucho agobio sólo pensar en salir al espacio exterior. Admiro de veras tu porte, tu elegancia, pero, Pedro Duque, no voy a ir contigo a la Osa Mayor”.

-¿Hay algún tema de la actualidad al que le apetezca hincarle el diente?
-Me da miedo, la verdad, desde una experiencia que tuve. Un día estaba escribiendo una canción que decía: “Le rogamos al estadounidense que modere sus ansias imperiales, que antes de hacer las cosas se las piense, que no agrave a su antojo nuestros males. Y si el gringo no atiende nuestro ruego, sobre él caeremos como el rayo. Tomaremos Nebraska a sangre y fuego, y quien dice Nebraska, dice Ohio. Caerá Nueva York y caerá Rota, sin insisten en usar la fuerza bruta. Hamburguesa de sangre será Utah, gelatina de llanto Minesota”. Y en esto, zas, zambombazo a las Torres Gemelas, cuando la estaba escribiendo. Me encontraba en la casa de la playa, salí a comer al bar, y estaban dando lo del 11 S. Volví a casa asustado, hay que tener cuidado con lo que se escribe. La verdad es que fue una lástima, porque la canción se quedó ahí, aparcada, no me atreví a continuar. Y eso que ya tenía estribillo: “Tranki, yanki, ¿no ves que es una broma?”, decía.

-¿A Zapatero le haría una canción?
- La verdad es que, en principio, no me apetece escribirle una canción ni a Zapatero ni a Rajoy. Prefiero imaginar que tengo una novia en Alicante y que voy a verla, y contarlo en una canción. Me apetece el doble.

-¿Sigue la actualidad?
-Sí, leo los periódicos, veo el Telediario. Se ha dicho de mí que no tengo tele. No tengo en la casa de la playa, pero en Madrid sí. Y la veo, sobre todo películas, en la tele no me importa que sean malas, las veo todas. Programas no. Bueno, veo Redes, pero programas de entretenimiento no. Bueno, Redes es de entretenimiento, al fin y al cabo.

-¿Y a Aznar, le escribiría una canción?
-Eso está pasado. Espero que los nuevos no hagan unas pirulas enormes, espero que los que gobiernan ahora sean más bien normales. Pero esas cosas que preocupan tanto al PP, a mí me traen sin cuidado. Hasta cierto punto, claro. Porque conocedor de la mala fe de tantísimas personas, sé que los de la derecha son capaces de armar una gorda por cualquier cosa, qué se yo, porque se desmiembre España. A mí, la verdad, que España se desmiembre no me preocupa en absoluto.

-¿Qué le preocupa al ciudadano Krahe?
-Muchísimas cosas. Paso mucho tiempo en Zahara de los Atunes, en Cádiz, y allí es donde llegan los cadáveres y las pateras. Creo que clama al cielo toda esa cantidad de muertes. La pobreza me preocupa. Entre otras cosas, por egoísmo, porque quisiera que todos vivieran decentemente. Sería más agradable para todos. Y ya que tengo hijos, también me preocupa el precio de los pisos, que los pobrecitos no ven la manera de tener una casa.

-Usted le ha cantado mucho a la iglesia. ¿Le preocupa la rebelión de los obispos?
-Sí, porque ésa es mala gente, son peligrosos, ya la han liado demasiadas veces. Me preocupa. Espero que las fuerzas del orden actúen con firmeza y los devuelvan pronto a sus catedrales. Los obispos son mala gente. Y de aburridos…

-¿Le inquieta que España sea uno de los países con peor nivel educativo de Europa?
-La verdad es que no, porque yo lo suspendía todo, y hoy no estoy disconforme del nivel cultural que tengo. No fue en el colegio donde lo adquirí. Los niveles de educación de un país no garantizan vivir más armónicamente. Países con niveles de educación altísimos, con muchos títulos académicos, fueron la Alemania que votó a Hitler, o la Argentina que dejó colocados a los militares tras Perón. Tener muchos licenciados no garantiza una buena armonía social.

-Hay quien piensa que la vida pública está crispada, y quien cree que hoy se respira mejor que hace nueve meses. ¿Usted qué opina?
-Yo respiro mejor que hace nueve meses. Ahora la crispación está muy localizada, antes estaba en todos lados. Los que gobiernan ahora no me crispan, los de antes sí. Ahora ellos están crispados, pero es que antes, cuando gobernaban, también estaban crispados. Ahora, por lo menos, un montón de gente hemos dejado de estarlo.

-Imagine que le invitan a un consejo de ministros a hacer sugerencias. Haga tres.
-A ver que piense… ¡Que nacionalicen la banca! Y que legalizaran todas las drogas. Este tema es una farsa. Están prohibidas, pero es facilísimo adquirir todas las drogas en la clandestinidad. Sigo sin entender por qué no puedo ir a la droguería y decir: que me dé droga, la que más te guste. Pero con control de calidad. Si lo lleva una pata de cordero, ¿por qué esto no?, ¿por qué deben ser clandestinas?

-Le falta una.
-Quitar las señales de stop de todas las carreteras y poner otras que diga: ‘pare’. Sigo sin entender por qué pone ‘stop’ y no ‘pare’. Es una tontería. La prueba es que cuando te para la Guardia Civil no te dice ‘stop’, te dice ‘pare’.


AUTORRETRATO

-¿Qué libro está leyendo?

-2622, de Roberto Bolaño. Y ya estoy terminándolo, son más de 1.000 páginas.

-¿Qué película le ha gustado últimamente?

-Una francesa que se llama “Como una imagen”, de Agnes Jaoui.

-¿Qué viaje no ha hecho y le gustaría hacer?

-Venecia. Pero ya no creo que vaya. No está mal eso del viaje que no has hecho.

-¿Su color preferido?

-No tengo. El blanco.

-¿Qué coche tiene?

-Un Xsara. Ahora, eso sí, un Xsara modelo “Exclusive”.

-¿Una ciudad para vivir?

-Que sea grande. Siempre he vivido en Madrid, no me imagino en otro sitio.

-¿Cocina?

-Sí, pocas veces.

-¿Su plato preferido?

-Unos macarrones con chorizo, hechos por mí, claro.

-Un recuerdo de la infancia.

-Mi primer recuerdo, lo tengo a los 4 años, cuando conocí el mar en Galicia.

-Una manía.

-Leer las palabras al derecho y al revés. Le doy la vuelta a todos los letreros.

-Su defecto.

-No tengo.

-Su virtud.

-No tengo.

-¿Fuma, bebe?

-Sí y sí.

-¿Con quién compartiría cena?

-Con la directora de esa película francesa que me ha gustado tanto. Pero compartiría comida, porque yo no ceno.

-Algo que no debe faltar en su dormitorio.

-La cama.

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