lunes, 19 de octubre de 2015

INMA CUESTA Y EDUARDO NORIEGA SE DECLARAN "FIELES EN EL AMOR" (Luego ella la lía parda por el retoque de su foto)

Coincidiendo con la presentación de su última película, 'Los miércoles no existen', los actores Inma Cuesta y Eduardo Noriega concedieron una entrevista al Dominical del Periódico de Catalunya que ha traído cola. 
No por la entrevista, sino por las quejas de la actriz a cuento de los retoques de Photoshop que el fotógrafo hizo a su retrato.
La verdad sobre el caso de la foto la cuenta detalladamente Luis Miguel Marco, subdirector del Dominical, en la nota que publicó el Periódico, cuyo enlace aparece más abajo. 
La entrevista fue por otros derroteros: el amor, la fidelidad, el compromiso, la edad adulta... Son guapos, conviven con el éxito y palpan a diario el deseo de sus admiradores, pero ambos reservan para la ficción su dominio de las artes de la seducción. En la película coquetean sin rubor, pero a este lado de la pantalla tienen una percepción de los límites del compromiso amoroso muy diferente: no a los cuernos y sí a la honestidad. Podrían ser una pareja estable.


La verdad sobre el caso de las fotos retocadas: http://goo.gl/qweOYx


Mensaje desalentador para los fans de Inma Cuesta y Eduardo Noriega que miran a sus ídolos con ojos libidinosos: ni ella -por principios- ni él -por edad y momento vital- están por la labor de entregarse a un revolcón con extraños a espaldas de sus respectivas parejas. Las infidelidades sólo las cometen en la gran pantalla, donde a partir del próximo viernes les veremos flirteando y cometiendo adulterio en la película ‘Los miércoles no existen’. El filme parte de una propuesta tan sugestiva como incierta: si un día a la semana pudieras dedicarte a dejarte llevar por tus deseos más íntimos sin tener que dar explicaciones a nadie, ¿qué harías?

A los personajes de la película les da por cruzar sus impulsos por todo lo ancho y lo largo que permiten los cánones de la comedia romántica de enredo. Pablo (Eduardo Noriega) ama a su mujer Irene (Alexandra Jiménez), pero no puede evitar ser un picaflor, debilidad que le lleva a liarse con su cuñada Paula (Andrea Duro) y a tontear con Mara (Inma Cuesta). Ésta corta con su novio César (Gorka Otxoa) el día que él le pide matrimonio y acaba en los brazos de su mejor amigo, Hugo (William Miller), el mismo que invitará a Irene a conocer las sábanas de su cama y otra noche acabará visitando la alcoba de Paula para montar un trío en compañía de César.

Basada en la homónima obra de teatro escrita y dirigida por Peris Romano, quien también se ha hecho cargo de la versión cinematográfica, la cinta refleja de forma coral un plantel de nudos afectivos que les resultarán familiares a los que andan entre los 30 y los 40, edad puente entre la feliz juventud que quedó atrás, donde casi todo estaba permitido, y la etapa de la responsabilidad, la fidelidad y los compromisos “para toda la vida”.

Cuesta (Valencia, 1980) y Noriega (Santander, 1973) dicen ver ese río revuelto desde la orilla de la edad adulta, pero confiesan sentirse identificados con esa foto movida en la que descubres de pronto que la vida iba en serio y que ser honesto con uno mismo es más difícil de lo que parecía.


-La película subraya que el azar decide nuestro destino amoroso más de lo que creemos. ¿Comparten esa impresión? ¿Tienen claro qué les llevó a acabar con sus actuales parejas o con las que tuvieron en el pasado?

-Noriega: Totalmente. Tendemos a creer que somos nosotros los que elegimos a las personas que amamos, pero es tal el cúmulo de casualidades que influyen en que un día conozcas a la persona de tu vida, que parece un milagro. Nuestro historial afectivo no está en nuestra mano, qué va.

-Cuesta: Yo siempre he procurado pensar que las cosas son cuando tienen que ser, y que si algo no ocurre, es porque no tocaba. Me lo aplico al amor y también al trabajo. A veces he perdido papeles que casi tenía en la mano, pero no me he deprimido, sólo he pensado: ese personaje no era para mí, seguro que hay algo mejor esperándome.

-Noriega: Perder un avión puede ser un fastidio, pero te puede llevar a encontrar a la persona que te acompañará el resto de tu vida. Un día conté esto en una entrevista y empezó a circular por ahí que había conocido a mi mujer en un aeropuerto, lo que no es cierto.


-Ya me quedo con la duda: ¿cómo se conocieron?

-Noriega: Conservo un recuerdo vívido de ese día y tiene mucho que ver con lo que estamos hablando. Debido a un atentado terrorista que hubo en Madrid, un viaje que debía hacer por trabajo se retrasó un mes, momento en el que nos conocimos. Si ese atentado no hubiera ocurrido, ella y yo no habríamos coincidido jamás. Lo curioso es que en cuanto la vi, supe que era la persona con la que quería compartir mi vida, o al menos un buen tramo de ella. Nunca he creído en el amor a primera vista, pero a mí me sucedió.



-¿Entonces estamos en manos del azar?

-Noriega: El azar y algo más. Influye mucho el momento en el que te encuentras. Una misma persona puede ser trascendental en tu vida en determinadas circunstancias y resultarte invisible si llega cuando estás pendiente de otras cosas. Lo único cierto es que vamos por la vida con una necesidad absoluta de que nos quieran. Dependiendo del momento, esa carencia la cubrimos con una novia, con una amante, con un perro, con un amigo, con una madre. Pero esa necesidad nos condiciona siempre. Estamos aquí para querer y ser queridos, y el amor incluye múltiples formas.



-La película está llena de rupturas amorosas en una edad en la que las decisiones suelen tener consecuencias trascendentales. ¿Tienen claro de qué depende que una relación vaya bien o fracase?

-Cuesta: Es muy importante que haya admiración mutua y que los dos maduren a la vez. A veces no queremos ver la realidad, no nos paramos a mirar cómo estamos ni cómo está el otro. A mi personaje en la película le ocurre. Mara está con César por rutina, por no atreverse a mirarse en el espejo, hasta que un día él le pide matrimonio y de pronto ella se pregunta: ¿en qué momento me he perdido, cómo he llegado aquí? Ese es un error frecuente en el amor. Yo reconozco haberme dejado llevar por relaciones amorosas más lejos de lo que deseaba por no pararme a preguntarme a tiempo qué quiero y a dónde voy.

-Noriega: Lo de madurar juntos es clave. Pablo, mi personaje en la película, es incapaz de desvincularse de sus años de picaflor. Quiere conservar a su pareja estable y a su hija, pero se resiste a abandonar el vértigo que sentía cuando era más joven y tenía muchas relaciones a la vez. Es casi como una droga para él.

-Cuesta: El complejo de Peter Pan, vaya, otro problemón.

-Noriega: El problema no es eso, sino cómo lo llevas. Si Pablo asumiera abiertamente su tendencia, no pasaría nada, se reconocería a sí mismo con sus defectos. Pero él no está contento con esa forma de ser. Por eso lo esconde, y sufre por ello. Lleva dos vidas paralelas en conflicto.

-Cuesta: Todos vamos por la vida con una máscara. Lo importante es saber cuál llevamos y que seamos honestos en reconocerlo.

-Noriega: Responder a la pregunta de cómo soy y qué quiero hacer con mi vida es uno de los retos más difíciles que hay, y no todo el mundo está dispuesto a afrontarlo. Y esto, claro, afecta a una relación de pareja.

-Cuesta: Ayuda bastante decir las cosas a la cara, a ti la primera. Yo ahí sí voy bien servida, porque no me callo nada, tal y como lo siento, lo suelto, no valgo para disimular. Además, es que se me nota en la cara. A mí, úlceras por dejarme cosas guardadas no me van a salir, estoy segura.

-Noriega: Yo no soy así, yo no siempre digo lo que pienso, a veces soy incapaz. Sé que hablar es la única forma de arreglar los problemas y que si no se hablan, al final se enquistan y acaban estallando. Pero reconozco que hay ciertos temas que me cuesta tratar con ciertas personas.



-¿Una infidelidad hay que contarla?

-Cuesta: De entrada, lo que no hay que hacer es ser infiel. Siempre me ha parecido idea horrible. Jamás he sido infiel, ni creo que pudiera serlo. Se me notaría, la cagaría y acabaría contándolo.

-Noriega: El que cuenta una infidelidad a su pareja sólo quiere redimirse y que le perdonen. Me parece una desfachatez. Tío, ¿te has equivocado un día pero tienes claro que quieres seguir con ella? Pues cállate la boca, idiota, y quédate tú con la culpa, llévalo dentro y así no te volverás a equivocar. ¿No te jode? ¡Encima de ponerle los cuernos, le trasladas el marrón!

-Cuesta: Es que yo no podría vivir con la culpa, tendría que correr a confesarlo.

-Noriega: Por eso, como te conoces, no lo haces.

-Cuesta: Es que no va conmigo, para mí no tiene sentido. Si no quiero estar con alguien, no estoy, no me dedico a estar y a la vez le pongo los cuernos. En cambio, sí creo que pudiera perdonar una infidelidad. Todos podemos cometer un error algún día. Una cosa es la fidelidad y otra la lealtad. Podría perdonar lo primero. Lo segundo, no.

-Noriega: Yo no sabría decir si sería capaz de perdonar una infidelidad de mi pareja. Lo que sí tengo claro es que me molestaría mucho que me lo contara. Le diría: perdona, bonita, ese problema lo tienes tú, la decisión la tienes que tomar tú, pero ahora me has trasladado tu marrón, me has metido inseguridad y celos.

-Cuesta: Por todo eso que cuentas, yo no puedo ser infiel.



-¿Y usted, Eduardo? ¿Se ve siendo infiel, lo ha sido alguna vez?

-Noriega: La infidelidad forma parte de la condición humana, le puede pasar a cualquiera, pero he notado que cuando tienes un bebé, como en mi caso, que fui padre hace meses, estás de otra manera, incluso hormonalmente. Les pasa a las madres, pero también a los padres. Hay menos juego, menos seducción, menos posibilidades de que te ocurra. A mí el tonteo me gusta; otra cosa es plantearme ser infiel. A mis 42 años, la que la idea de la infidelidad me produce una gran pereza.



-¿Hay una edad para ser infiel?

-Para ser infiel hay que tener muchas ganas, porque supone un movidón de mucho cuidado. Siendo un adolecente de 14 años, una noche me llegué a besar con tres chicas diferentes en una discoteca. Había que verme, corriendo de arriba abajo para estar con las tres sin que ninguna se enterara. Creo que hay cosas que toca hacerlas a una edad para estar más relajado. Si a los 20 años has estado de flor en flor, cuando llegas a los 40 estás más calmado. Pero si no lo has hecho y lo vives como una cuenta pendiente, entonces tienes un problema.



-¿Qué les parece que haya webs dedicadas a promover la infidelidad? ¿Será que ese impulso es más habitual de lo que pensamos?

-Cuesta: Aquí lo único que hay es gente que no es honesta consigo misma. No entiendo, ni entenderé jamás, que alguien diga que necesita ser infiel. Mira, chico, si te hace feliz tener muchas relaciones a la vez, genial, pero elige, o eso o tienes pareja. Pero las dos cosa, no.

-Noriega: ¿Acaso crees que quien actúa así lo hace deliberadamente? El que es infiel a su pareja como lo hace mi personaje en la película, en realidad se traiciona a sí mismo, y es con él con quien tiene el problema. En el fondo está pidiendo a gritos que lo pillen.

-Cuesta: Al final, la mayoría de los conflictos que refleja la película se resumen en una misma realidad: lo incapaces que somos para ser honestos con nosotros mismos. Y es que no es fácil ser honesto.

-Noriega: Estoy de acuerdo. Si es difícil serlo con uno mismo, no digamos con los demás, ya sean tus amigos, tu familia o tu propia pareja. Por debajo de ese problema se esconde una realidad que comparten todos los protagonistas de la película y muchos de los andan en esa edad, entre los 30 y los 40 años: que en el fondo no sabes lo que quieres.

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