miércoles, 3 de febrero de 2016

¿Cómo sobrevivir en la era de la INCERTIDUMBRE?

Hoy los empleos son precarios, la política es un hervidero, las relaciones personales son virtuales, el terrorismo y el clima nos amenazan... 
Vivimos obligados a navegar en un mar de incertidumbres sin los referentes del pasado. Ante este panorama, los sociólogos, psicólogos y politólogos recomiendan al ciudadano del siglo XXI recuperar la autoestima a través del colectivo, en el compromiso con la comunidad, y mantener una cierta distancia ante la avalancha de noticias que nos rodean invitándonos al desaliento.
La era de la incertidumbre que predijo el sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su obra ‘Modernidad líquida’ a finales del siglo pasado es hoy una realidad indubitada. Asideros tradicionalmente sólidos como la familia, el trabajo, la nación y la ideología han sido puestos en cuestión, en ocasiones hasta ser reducidos a la irrelevancia.
Estamos obligados a vivir y entendernos en “un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre”, como proclamó Bauman en su discurso de aceptación del premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 2010. En el pasado había otros problemas, pero disponer de unas cuantas certidumbres férreas ayudaba a hacerles frente.

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Si hoy despertáramos a un ciudadano que hubiera entrado en un profundo y largo sueño hace medio siglo, sin duda se quedaría asombrado al descubrir los prodigios de nuestro tiempo. Le dejaría boquiabierto saber que en el bolsillo llevamos teléfonos que aparte de para hablar, sirven para conocer al detalle el tiempo que hará mañana en su ciudad y hasta para operar en la bolsa de Shanghái. Le pasmarían las medidas de seguridad de los vehículos de hoy y el confort de las viviendas actuales, y creería encontrarse en un mundo ideal al conocer las cotas de libertad personal, religiosa, sexual e ideológica que hoy se disfrutan.

Sin embargo, esa fascinación se llenaría de dudas cuando descubriera otros detalles de la vida contemporánea. Cuando cerró los ojos, la gente encontraba trabajo con solo salir a buscarlo y lo mantenía hasta el día de la jubilación, pero hoy se firman contratos por días, e incluso por horas, y tener dos empleos no garantiza poder llegar a final de mes. Se echó a dormir sabiendo que, salvo cataclismos imprevistos, la siguiente generación viviría mejor que la anterior, pero ese dogma de la sociedad del bienestar es hoy una quimera a medio plazo y una renuncia a corto.

Hace medio siglo, las relaciones personales hacían honor a ese nombre y la familia respondía a un modelo claro y perenne. Hoy se liga con desconocidos mediante aplicaciones móviles, se conversa con los amigos a través de pantallas, sin verles la cara ni estrecharles la mano, y el patrón familiar compuesto por papá, mamá y un montón de hijos ha sido sustituido por múltiples fórmulas de convivencia doméstica, desde las monoparentales al poliamor, que frecuentemente se suceden en el tiempo sin vocación de permanencia y en las que criar una larga prole se considera un anatema. Ahora hay Viagra, anticonceptivos y píldoras del día después, sí, pero en los botiquines de las casas comparten espacio con los ansiolíticos, cuyo consumo se ha disparado.

En el pasado, las ideologías proponían paradigmas de mundos mejores y la igualdad era una aspiración razonable. Fronteras adentro, los españoles soñaban con pasar página del franquismo para abrazar a Europa como referente moral, democrático y de justicia social. Hoy los idearios políticos han sido sustituidos por el dogma del beneficio económico y la brecha entre ricos y pobres se ha ensanchado. En España, el panorama político se ha fragmentado hasta hacerse ingobernable y la mitad de la sociedad catalana reclama vivir en un estado diferente. La Europa fraterna y acogedora de ayer repone las aduanas interiores que había eliminado, consiente que crezcan el euroescepticismo y los populismos y se muestra incapaz de gestionar el drama humanitario de los refugiados.

En su despertar, el durmiente descubriría que había llegado a un tiempo mucho más inseguro y cambiante que el que dejó atrás. La era de la incertidumbre que predijo el sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su obra ‘Modernidad líquida’ a finales del siglo pasado es hoy una realidad indubitada. Asideros tradicionalmente sólidos como la familia, el trabajo, la nación y la ideología han sido puestos en cuestión, en ocasiones hasta ser reducidos a la irrelevancia. Estamos obligados a vivir y entendernos en “un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre”, como proclamó Bauman en su discurso de aceptación del premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 2010.

En el pasado había otros problemas, pero disponer de unas cuantas certidumbres férreas ayudaba a hacerles frente. Averiguar cómo se han perdido por el camino esas certezas resulta crucial para comprender este mundo líquido que ahora habitamos y para aprender a manejarnos en su ambigüedad.

El sociólogo Enrique Gil Calvo emparenta ese cambio de paradigma con dos acontecimientos históricos: la caída del muro de Berlín en 1989 y, diez años antes, la llegada de Margaret Thatcher al poder en el Reino Unido. “La consecuencia fue la retirada del Estado y el triunfo del mercado. La palanca de la incertidumbre es la mercantilización, que provoca la volatilidad de todos los compromisos políticos, sociales y personales”, afirma Gil Calvo. En su opinión la lógica mercantil ha llegado a impregnar a las relaciones personales. “La gente se cambia de pareja y amigos como de ordenador o móvil. La única ética es el individualismo posesivo y la ostentación de la riqueza. El ‘enriqueceos’ justifica tanto la corrupción como el transfuguismo y el cambio de pareja”, explica el autor de ‘Crisis crónica’.

Pero esto no ha ocurrido porque sí. La filósofa Marina Garcés previene contra la visión fatalista de ese proceso de pérdida de referentes. “Asistimos a una destrucción deliberada de las conquistas logradas en los dos últimos siglos. La precarización de la vida, no sólo laboral, sino también psicológica, ambiental, física y cultural, no tiene que ver con nuestra naturaleza frágil, sino con una situación socialmente inducida que nos hace sufrir”, advierte la pensadora.

Identificar las causas de ese cambiazo sirve para localizar herramientas con las que poder hacerle frente, o al menos con las que sobrevivir en este nuevo escenario. Y son muchas las voces que coinciden en una misma idea: la solución está ahí afuera, en los otros, en el grupo. “La única manera de cambiar esta situación es comprometernos con la vida como un problema común, colectivizar aspectos fundamentales de la vida y aprender a decir nosotros”, opina Garcés. “Para aprender a vivir en la incertidumbre, hemos de buscar personas y grupos en los que poder confiar”, añade Gil Calvo.

Hay, pues, alternativas al ‘sálvese quien pueda’ y el nihilismo escéptico e individualista que en los últimos tiempos se habían convertido en dogma de fe y patrón de comportamientos. “Está en el compromiso radical, en el impulso de los movimientos sociales que hacen frente a las fuentes de peligro”, señala la socióloga María Victoria Gómez. En un momento políticamente convulso como el actual, la coautora de ‘El cambio social en la era de la incertidumbre’ previene contra los apaños urgentes y simplistas. “A veces, la miopía lleva a las élites económicas a buscar la solución a la incertidumbre en medidas inmediatas, como la prescripción de gobiernos fuertes y estables, sin advertir que a menudo esos gobiernos son la causa de una enorme inestabilidad social”.

Nunca estuvimos tan informados como ahora, pero jamás nos asaltaron tantas dudas. ¿A quién votaré? ¿Quién me gobernará? ¿Cuál será mi país? ¿Cuánto durará mi empleo? ¿Y mi matrimonio? ¿Moriré en un ataque terrorista? “El patrón psicológico que genera la incertidumbre se asemeja al del estrés, y su tratamiento también es parecido. Hemos de identificar lo que nos causa esa ansiedad y trocear el problema para convertirlo en muchos retos pequeños. No aspiremos a arreglarlo todo de una vez, sino en etapas”, recomienda la psicóloga Laura Rojas Marcos, quien previene contra la saturación de noticias que invitan al desaliento. “En el mundo suceden demasiadas cosas terribles, pero ahora nos enteramos de todas al minuto. Depende de nosotros que nos focalicemos en lo que podemos controlar, no en lo que está fuera del alcance de nuestra mano”, recuerda.

Si la crisis económica le ha venido muy bien a las fábricas de antidepresivos, que han disparado sus ventas, la incertidumbre de fondo ha hecho florecer una boyante industria de la seguridad. “El futuro es hoy un gran negocio. Vivimos rodeados de decálogos que nos prometen el bienestar en cómodos pasos”, denuncia el filósofo y pedagogo Gregorio Luri. En opinión del autor de ‘La escuela contra el mundo’, hoy la incertidumbre no es mayor que en tiempos pasados. “Lo que ha crecido es la histeria”, advierte. Y su remedio no está en los ansiolíticos, sino en la educación. “Hemos confundido información con conocimiento, y no son lo mismo. Hoy la clave está en entrenar el criterio y la atención de la gente, sobre todo de los jóvenes, para que sepan elegir”, recuerda. ¿Y los valores? “Se enseñan mejor con el ejemplo que con teorías. ¿Qué efecto tendría en la sociedad que el tiempo que dedicamos a hablar de los corruptos lo empleáramos en hablar de gente noble y digna? Aprendemos por impregnación. Entonces, destaquemos los buenos ejemplos que hay en este incierto mundo, que hay muchos”, propone el filósofo.


LA INCERTIDUMBRE EN CIFRAS (Y PREGUNTAS)
-1-¿DE QUÉ VIVIRÉ?
El 93,2% de los contratos laborales firmados en diciembre de 2015 en España fueron temporales. Hoy sigue habiendo 4,8 millones de personas buscando trabajo sin encontrarlo (21,4% de la población activa). Entre los jóvenes, el desempleo se dispara hasta el 48,8%.

-2-¿CON QUIÉN VIVIRÉ?
133.441 parejas iniciaron demandas de disolución matrimonial en 2014, un 6,9% más que el año anterior (CGPJ). La tasa de natalidad ha caído en picado en España desde que llegó la crisis: en 2014 nacieron 92.184 bebés menos que en 2008.

-3-¿CÓMO ME SENTIRÉ BIEN?
Se ha triplicado el consumo de ansiolíticos y antidepresivos en nuestro país en lo que va de siglo. En el año 2000 se tomaron 26,5 dosis por cada mil habitantes y día. En el 2013, ese porcentaje llegaba a 79,5 dosis (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios).

-4-¿QUÉ VOTARÉ?
El 41% de los españoles no sabía qué iba a votar el 20-D tres semanas antes de las elecciones (CIS). Nunca había habido tantos indecisos. Se acabó la fidelidad a las siglas: el bipartidismo ha perdido cinco millones de votos en cuatro años. Desde 2008, nueve millones de ciudadanos han dado la espalda a los dos partidos que han gobernado España desde 1982.

-5-¿CUÁL SERÁ MI PAÍS?
El 41% de los catalanes afirmaba en octubre de 2015 que desearía que Catalunya fuera un estado independiente (CEO). Cuatro años antes, en junio de 2011, el porcentaje de independentistas sólo era del 25%.

-6-¿CÓMO SERÁ EUROPA?
1.014.836 refugiados llegaron por mar a Europa en 2015 (ACNUR). Alemania, Austria, Hungría, Francia, Suecia y Dinamarca han aumentado las trabas para cruzar sus fronteras. El Tratado de Schengen para la libre circulación de personas por el continente corre riesgos de desaparecer.

-7-¿SUFRIREMOS UNA NUEVA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL?
Desde hacía 25 años, la economía china no crecía tan poco como en 2015 (6,9%). La debilidad del gigante asiático está contagiando a todo el planeta. El Ibex 35 ha perdido casi un 30% de su valor desde abril del año pasado.

-8-¿MORIRÉ EN UN ATAQUE TERRORISTA?
32.658 personas perdieron la vida en 2014 en atentados terroristas en todo el mundo, un 80% más de víctimas que el año anterior. El 13 de noviembre de 2015 murieron 137 personas en París en el mayor ataque terrorista vivido en Europa ese año.

-9-¿MIS DATOS ESTÁN SEGUROS EN LA RED?
El 39% de los usuarios de internet, redes sociales y telefonía móvil fueron víctimas de ciberataques en 2015, un 13% más que el año anterior (Deloitte). Seguimos fiando nuestros datos a una clave y un password, pero firmas tan importantes como Ashley Madison, Facebook, o WhatsApp sufrieron robos de información el año pasado.

-10-¿SOBREVIVIRÉ AL CAMBIO CLIMÁTICO?
2015 fue el año más caluroso en todo el planeta desde que existen registros de medición meteorológica (NASA). No es una rareza: desde el año 2000 se acumulan las temporadas más cálidas del último siglo y medio. El cambio climático ya no es una profecía; ahora es una realidad.

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