miércoles, 27 de abril de 2016

"El miedo se combate con curiosidad", dice Theodore Zeldin, el sociólogo de la vida íntima

Con sus canas cardadas de sabio loco y su mirada de niño travieso, cuesta acercarse a Theodore Zeldin y soslayar la sensación de estar ante un oráculo. Para colmo, extiende la mano con la excusa de hablar de ‘Los placeres ocultos de la vida’ (Plataforma Editorial), su último libro, donde explica la historia de la experiencia humana poniendo el foco, no en los grandes ideales y las declaraciones con mayúsculas, sino en los asuntos pedestres de la vida de la gente, que analiza en capítulos con títulos como: ¿Qué sentido tiene trabajar tanto?, ¿De qué otra forma podríamos relacionarnos hombres y mujeres?, ¿Cómo se adquiere el sentido del humor? Entran ganas de preguntarle por los secretos de la existencia, pero en cuanto te descuidas es él quien hace las preguntas. De lejos puede parecer retórica de autoayuda. De cerca, Zeldin es una continua incitación a mirar con otros ojos lo que tenemos delante.

-¿Cuál diría que es el mayor reto al que se enfrenta el ser humano del siglo XXI?
-No repetir los errores del pasado. Vivimos con patrones mentales anticuados, y eso nos ata. Decían que habían terminado las guerras religiosas, pero seguimos en la Edad Media. Y que habíamos alcanzado la igualdad, pero hoy unos pocos son dueños de medio mundo. Nos dicen que somos más ricos, pero en realidad todo es más caro. La gente sigue entregando su vida a asuntos que deberían estar resueltos, como tener una casa. ¡Se hipotecan durante 35 años! Sería ideal no repetir estas estupideces del pasado.

Leer la entrevista en El Periódico de Catalunya



-¿Y es optimista?
-Por supuesto que sí. El pesimismo sólo revela falta de imaginación, y esta forma parte de la esencia de la condición humana. Pensar que las cosas no tienen por qué ser como han sido hasta ahora, aunque fracasemos en el intento de cambiarlas, es lo que nos ha hecho avanzar. Apostemos por la imaginación.

-Sostiene que el mundo cambia cuando cambiamos nuestra forma de conversar. Estará contento: las redes sociales han disparado los niveles de conversación a escala planetaria.
-Mucho cuidado con las redes sociales, porque puede que estemos repitiendo en ellas los errores del pasado. Cuando alguien me dice que tiene 1.000 amigos en Facebook, me echo a reír, porque es falso, la amistad es otra cosa. Luego hablas con esas personas y te reconocen que están más solas que nunca. Tanta exposición tiene otro riesgo añadido: la gente usa las redes para ponerse una máscara y que los demás les vean más perfectos y felices de lo realmente son.

-Admita que nos comunicamos más que antes.
-Pero las redes no curan el sentimiento de soledad de la gente. De hecho, hoy hay más gente que se queja de estar sola que antes, hay sed de conversación. A veces, a través de las redes sólo se genera ruido. La conversación debe estimular la mente, y esas herramientas no lo hacen.

-¿La conversación verdadera sólo puede darse cara a cara?
-A veces utilizo Skype, pero nunca me siento igual que si hubiera estado en presencia de mi interlocutor. Somos seres físicos, no vivimos en el aire ni en las redes, necesitamos tener al otro delante para comunicarnos. Desarrollo un proyecto en el que reúno a gente que no se conoce para que hable de sus vidas. Los resultados son espectaculares. La gente se sorprende cuando descubre que puede charlar con desconocidos acerca de asuntos que nunca se habían atrevido a comentar. Dudo que ese efecto pudiera conseguirse a través de internet.

-Le veo poco entusiasmado con las nuevas herramientas de comunicación.
-Al contrario, me parecen muy útiles para intercambiar conocimientos, pero le prevengo contra la fe ciega en el progreso que solemos tener los humanos. Hace 150 años pensaban que la llegada del ferrocarril nos iba a cambiar como especie. Lo mismo decía Henry Ford del automóvil. Más importante que la expansión de internet ha sido la incorporación de la mujer a las conversaciones. Hoy lo vemos normal, pero hasta hace muy poco sus puntos de vista no los escuchaba nadie. Esa sí que fue una innovación importante.

-Ha sido profesor durante muchos años. ¿Cómo influye la educación en la generación de esos cambios?
-Es la única forma de provocar avances, aunque si se hace mal puede resultar catastrófico. La Alemania de los años 30 del siglo pasado era la más educada del mundo, pero desembocó en el nazismo. La educación debe aportar espíritu crítico y curiosidad. En realidad, no se puede enseñar nada, solo se aprende mediante la experiencia y la reflexión. A mis alumnos no les cuento teorías, solo les estimulo para que piensen de forma diferente y se atrevan a probar cosas nuevas, desde ideas a sabores culinarios. Y les escucho, sobre todo les escucho.

-Hoy se habla mucho. ¿Se escucha en la misma medida?
-No, y ese es el problema. Hemos hecho grandes descubrimientos sobre el universo, pero aún no conocemos al ser humano. Por eso es necesario que la gente hable, que muestre sus dudas, sus sueños, su intimidad, y que alguien les escuche. Cuando publico un libro, procuro abrir una conversación con mis lectores para conocer sus vidas. No hay nada más interesante que descubrir qué hay en la cabeza de otra persona. A mí no me gusta conceder entrevistas ni responder preguntas, prefiero hacerlas. ¿Me podría contar algo importante de usted, algo que le inquiete?

-Tengo un hijo de 6 años y mi reto es acompañarle en el descubrimiento de la vida. ¿Qué le parece?
-Un gran reto. John Stuart Mill contaba que su padre, que era filósofo, solía invitar a casa a gente muy interesante y que él aprendía de todo lo que oía. Le recomiendo que haga que su hijo conozca al mayor número posible de personas, cuantas más mejor, y que vea que en el mundo hay maneras muy distintas de ver las cosas, y que todas son válidas. Esto desarrollará su curiosidad. A su hijo le irá mejor si no tiene miedo a la gente y a la vida, y el miedo se combate con curiosidad. Cuando estás en ‘modo curioso’, se evaporan los temores.

-¿Educamos bien a los niños?
-A menudo cometemos el error de controlarlos demasiado. Estamos todo el rato diciéndoles: no hagas eso, no toques ahí, debes estudiar esto… Cuando los limitamos de esa forma, los convertimos en extraños en el mundo. De mayores nos llenamos la boca hablando de lo importante que es ser libres, pero la libertad no es un derecho, es una habilidad. Y solo se es libre cuando no se tiene miedo. Cuénteme más retos de su vida.

-Por ejemplo, entenderme con mi mujer. Sé que este tema le interesa, porque las relaciones entre hombres y mujeres constituyen uno de sus principales objetos de estudio. ¿Qué me puede contar?
-El día que hombres y mujeres empezamos a escucharnos tuvo lugar una revolución en la historia de la humanidad. Desde entonces hemos avanzado mucho, pero muy lentamente. Muchas mujeres se quejan, con razón, de que no pueden conversar con sus parejas. Si en vez de dejarnos aconsejar por el miedo nos guiaran el respeto, la sinceridad y la escucha al otro, nos iría mejor. En muchas parejas, hablar de relaciones amorosas anteriores se considera tabú, porque de pronto surgen los celos y el miedo. Pero en la vida privada no puedes mentir. Cuénteme más preocupaciones.

-Le propongo una preocupación nacional. Como sabe, España es campeona en desempleo, pero usted tiene una visión muy crítica del trabajo. ¿Cómo se la explicamos a los cuatro millones de parados que hay en este país?
-Tenemos una relación esclavista con el trabajo. La gente dedica jornadas agotadoras a oficios que no les ilusionan. Y los millones que no tienen trabajo, se conforman con lo que les den. ¿Eso es vida? Debemos replantear de raíz nuestra relación con el trabajo. Necesitamos nuevas ideas que nos permitan reinventar los modelos de negocio para que el objetivo del trabajo sea nuestra mejora como individuos, no la generación de riqueza.

-Suena bien, pero utópico.
-No desconfíe de la capacidad del ser humano para imaginar. La agricultura y la industria surgieron cuando el aumento de población provocó una escasez de alimentos. Ahora hay escasez de puestos de trabajo, y los que los tienen se sienten insatisfechos. Espero que la nueva generación tenga audacia y valor para afrontar este reto. Les va la vida en ello.


PERFIL BIOGRÁFICO

Hijo de judíos rusos huidos a Palestina en plena guerra civil soviética –él ingeniero civil y ella una dentista-, destacó pronto como niño prodigio. Escribió su primer libro a los doce años y a los diecisiete se graduó en Filosofía en la London University.

Durante varias décadas ha sido profesor y decano del St. Anthony College de Oxford y ha impartido conferencias y clases magistrales en universidades de todo el mundo, pero su fama como pensador se la debe a sus personales tratados históricos, como ‘A History of French Passions’ y, sobre todo, su ‘Historia íntima de la humanidad’.

Ha sido galardonado con la Orden del Imperio Británico y la Legión de Honor francesa. Varias publicaciones culturales le sitúan entre los pensadores cuyas ideas –defiende la conversación como vía para solucionar los conflictos- tendrán más influencia en el siglo XXI. Está casado desde hace 40 años con la prestigiosa lingüista Deirdre Wilson, con quien vive en Oxford.

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