jueves, 23 de junio de 2016

JUAN IGNACIO CRESPO: "La ideología cuenta poco en economía"

Foto: Agustín Catalán
FotoLos gráficos hablan, pero hay que saber escucharles. Juan Ignacio Crespo ha afinado un método para interpretar las curvas que dibujan los índices macroeconómicos y así supo anticipar la crisis de 2008 un lustro antes de que estallara. Con el mismo olfato, predijo el pinchazo de la economía mundial de 2013 y acertó, y ahora, en su último libro, explica ‘¿Por qué en 2017 volveremos a entrar en recesión?’ (Deusto). Que nadie le tome por aguafiestas: tras este breve hundimiento, que durará 18 meses, anuncia un periodo de bonanza hasta 2035. Matemático de formación, dice que solo se limita a revelar lo que esconden los números.

-¿De esa próxima recesión no nos librará nadie?-Me temo que no. Los beneficios empresariales en Estados Unidos han caído y su economía lleva un ciclo muy largo de expansión. Ya le toca una recesión. Siempre pasa igual, sólo hay que mirar las series históricas. Por otro lado, China está sufriendo una desaceleración bestial y las materias primas han caído por la falta de demanda. Pero el mejor termómetro es el comercio mundial, que se ha estancado. Todo apunta a una recesión mundial a finales de este año.

Leer la entrevista en El Periódico de Catalunya


-Nos pillará aún renqueantes. ¿Es de los que opinan que España ha salido de la crisis o seguimos en ella?
-Atravesamos un ciclo de crisis compuesto de tres recesiones: la de 2008-2009, la de 2012-1013 y la próxima de 2017. Esta vez no será tan fuerte, porque ya no tenemos burbujas que pinchar, pero en el sector servicios se desharán fácilmente miles de contratos de corta duración y el desempleo volverá al 26%.

-¿Qué puede hacer el próximo Gobierno para paliar sus efectos?
-Lo que hagan los gobiernos de nuestro entorno. En caso contrario, iremos de cráneo. Zapatero hizo lo que pudo cuando le vino la crisis encima y Rajoy ha hecho lo que ha podido cuando ha llegado al poder. Se pueden criticar detalles, como que Zapatero negara la crisis tanto tiempo, pero reaccionó como el resto de países, con gasto público para intentar parar el primer golpe. Luego se vio que el golpe era mayor. A veces me piden artículos para criticar a Rajoy pero lo cierto es que los gobiernos tienen poco margen de acción ante los ciclos económicos. Solo se les puede pedir que no empeoren la situación.

-El próximo domingo hay elecciones. ¿A esos ciclos económicos que menciona les importa algo quién va a ganar?
-Le contestaré con mi ejemplo favorito: en 1981, cuando Mitterrand ganó las elecciones en Francia, metió al Partido Comunista en el Gobierno e implantó un programa expansivo que disparó el gasto público mientras el resto del mundo estaba en recesión. ¿Qué consiguió? Que todos los países le vendieran y ninguno le comprara, desequilibrando así su balanza por cuenta corriente hasta provocar un déficit de caballo. A continuación, Mitterrand tuvo que devaluar la moneda varias veces seguidas y, poco después, los comunistas salieron del Gobierno. Y se acabó el programa expansivo.

-¿Dónde queda la ideología?
-Sólo vale para tiempos de bonanza, en los que tienes margen para destinar las ganancias a unas partidas o a otras. Pero cuando vienen mal dadas, si vas a contracorriente te das el castañazo. Sobre todo cuando eres pequeño, como nosotros. La ideología sirve de poco en economía. Cuando llegó la crisis, Merkel aumentó el gasto público y subió los impuestos. En cambio, en Gran Bretaña, Gordon Brown optó por bajarlos. Es decir: hicieron lo contrario de lo que se esperaría de un gobierno conservador y otro socialdemócrata.

-¿Entonces aquí quién manda?
-Mandan unas cuantas leyes que no hay manera de saltarse. Una es que cuando las empresas no ganan dinero, nos metemos en una recesión. Es un círculo vicioso: sin ganancias, las compañías hacen despidos, el desempleo hunde el consumo y esto sigue reduciendo los beneficios. Otra ley insoslayable es la del interés compuesto: no puedes tener una deuda enorme, porque los intereses se convierten en una bola que te acaba devorando.

-Aun así, existen las políticas económicas. ¿La recuperación en España se ha debido a las medidas de Draghi o a las de Rajoy?
-A ambos. Se ha criticado el dinero gastado en recapitalizar la banca, pero nuestro sistema financiero estaba quebrado y necesitaba esa inyección. El problema de nuestras cajas fue que la crisis se produjo a cámara lenta. En Estados Unidos, el hundimiento ocurrió de un día para otro y la recuperación fue más rápida. Aquí, en 2010 aún presumíamos de sistema financiero y el Financial Times nos felicitaba porque el Banco de España había prohibido a nuestras cajas invertir en productos tóxicos extranjeros.

-Pero invirtieron en los de aquí.
-El Banco de España debería haberlas llamado una a una en 2005 para decirles: el año que viene prestas esta cantidad y ni un euro más. Como hacía Mariano Rubio en los años 90, “porque yo lo mando”.

-¿Por qué no lo hizo?
-Porque habrían colgado del palo mayor al gobernador del Banco de España. ¿Se imagina tener en frente a los gobiernos autonómicos, ansiosos por tener la caja más grande, y a los promotores inmobiliarios deseando hacer negocio, y al pueblo alzado en armas negándose a ser expulsado del paraíso? ¿Quién paraba aquella fiesta? Nadie lo hizo, pero el Banco de España debería, al menos, haberlo intentado.

-Mientras tanto, en la economía real la disyuntiva actual consiste en elegir entre paro y empleo precario. ¿Qué opina de la reforma laboral del PP?
-A nadie le gusta ese tipo de reformas, pero cuando tienes seis millones de parados dispuestos a trabajar en lo que sea, o legalizas nuevos tipos de contratos, o solo se creará empleo en la economía sumergida. Ha sido una medida extrema para una situación extrema. Cuando la situación sea otra, el régimen laboral también deberá ser otro.

-Siguiendo con la economía real, la gente está encantada con el Euribor casi a cero, pero en su libro advierte contra el peligro de los tipos de interés negativos. ¿En qué quedamos?
-De las crisis se sale siempre favoreciendo a los deudores y machacando a los ahorradores. Eso ha sido así en todas las crisis que hay datadas. En otras ocasiones, la inflación ayudaba a liquidar las deudas porque se pagaba con moneda depreciada. Hoy ese trabajo lo hace la deflación, que está bajando los precios, pero el ahorrador no sabe qué hacer con su dinero. De este modo, se están transfiriendo recursos de los ahorradores a los deudores, pero nos adentramos en un terreno que no conocemos. Veremos qué efectos perniciosos tiene. Uno puede ser que las compañías de seguros acaben quebrando.

-Su pronóstico tiene un final feliz: tras la recesión de 2017, llega una época de bonanza hasta 2035. ¿Cómo logra calcularlo?
-Mis análisis tienen una visión cíclica de la economía. Desde finales del siglo XVIII, la economía mundial se rige por ciclos que no fallan. Cada 17 años suele haber un cambio de ciclo. Hemos pasado por uno de estancamiento que empezó en el 2000 con el pinchazo de la burbuja tecnológica, aunque en España no lo notamos hasta 2008. Lo normal es que, superada la próxima recesión, entremos en un ciclo de 17 años de crecimiento sostenido, que tendrá sus tropezones, pero serán más suaves. Aunque para entonces cambiarán muchas cosas.

-¿Cómo cuáles?
-Las nuevas tecnologías van a revolucionar el panorama brutalmente. Por ejemplo, ¿qué va a ser de todos los conductores cuando se implanten los coches eléctricos sin conductor? La robótica hará desaparecer muchos empleos, pero creará otros nuevos, como ocurrió con la revolución industrial. Lo que no sabemos es si serán suficientes para conseguir ocupar a tanta mano de obra.

-¿Si no logran, qué ocurrirá?
-La renta básica será una norma en nuestras vidas. La derecha la plantea compensando los salarios al hacer la declaración de la renta hasta llegar a un mínimo y la izquierda propone una donación directa a los que están sin trabajo o sin recursos, pero esta cuestión también quedará fuera del debate ideológico. No hay que sorprenderse: en Noruega, un gobierno conservador está probando fórmulas de renta básica y el ultraderechista Nixon ya lo propuso en Estados Unidos en 1970. Lo que parece claro es que en el futuro no va a haber trabajo para tanta mano de obra.

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