La POLÍTICA importa


La actualidad política ofrece muchas miradas. Aquí muestro unas cuantas. Esto cuentan los actores de lo que pasa y los intérpretes de lo que ocurre.


Todos se atreven con el rey Juan Carlos

En el año 1978, El Jueves publicó un fotomontaje que mostraba al rey Juan Carlos junto a una moto a las puertas de la Moncloa suplicando con gesto lloroso. “Suárez, dame dinero, que me he quedado sin gasolina”. José Luis Martín, editor de la publicación satírica, recuerda con ternura, y casi con pudor, aquel primer chiste que hicieron en la revista a cuento del monarca. “Era muy suave, sacábamos punta de aquella leyenda urbana que aseguraba que el rey solía dar paseos solitarios en moto por Madrid”, rememora el humorista, quien reconoce que, a pesar de la candidez de la broma, contuvieron la respiración al llevarla al kiosco. Se hacía extraño ver al jefe del Estado tomado a guasa.

Difícil explicar aquel recato a la luz del tratamiento que la Corona recibe hoy por parte de los profesionales del humor y de un sector cada vez más amplio de la clase política. Que las publicaciones satíricas le busquen las vueltas a la institución monárquica se da por descontado, pero que el rey se haya convertido en el protagonista recurrente del chiste nacional resulta cuando menos novedoso.

Hoy no hay programa humorístico de la tele que no cuente con su imitador de Juan Carlos de cabecera, ni monologuista que se resista a aportar su relectura chusca del último titular protagonizado por algún miembro de la Casa Real. En las redes sociales hay competiciones por encontrar el chiste de sangre azul más afilado y hasta en las teleseries se han colado los chascarrillos borbónicos de moda.

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Entre la indiferencia ante un asunto menor con ecos de dejavú y la recuperación del tic anticatalanista más atávico, las miradas que las dos teles públicas hechas en Madrid lanzaron sobre la manifestación independentista de Barcelona resumen el sentir con el que buena parte de la sociedad madrileña afronta el reto soberanista lanzado desde Catalunya. Llueve sobre mojado y el desgaste que dejó tras de sí el debate del Estatut se percibe a pie de calle.

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La plaga de los ‘eufemismos’


Una de las herencias que nos está dejando la crisis es el rico fondo de armario de artefactos lingüísticos que inventan a diario los políticos para decir lo que quieren contar sin nombrar los tabús que temen mentar, aún a riesgo de retorcer el lenguaje hasta hacer irreconocibles los mensajes que desean transmitir.

De hecho, el relato de la propia debacle económica de los últimos años es una invitación a participar en el juego de máscaras de los eufemismos sin fin.

Desde que estalló la burbuja inmobiliaria (forma aséptica de llamar a la especulación del ladrillo) por culpa de la acumulación de activos tóxicos (préstamos concedidos a personas que no los podían pagar) en los balances de ingeniería financiera (especulación de capitales) de los bancos, los indicadores económicos iniciaron una senda de crecimiento negativo (hundimiento), y lo que empezó como una desaceleración (crisis), ha acabado convertida en una profunda recesión (a la luz de los distintos marcadores, lo propio sería hablar de auténtica depresión).

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“España, al borde del abismo”, titulaba en su portada el rotativo belga Le Soir el 28 de septiembre. Un día antes, el diario británico Daily Telegraph aseguraba que “España se está convirtiendo en la nueva Grecia”, para afirmar en su edición del 1 de octubre: “España debe abandonar el euro”.

Dos días más tarde, después de que el New York Times llevara a España a su portada en un reportaje titulado “austeridad y hambre”, acompañado de un controvertido reportaje fotográfico que ponía el foco en el rostro más dramático de la crisis, el informativo de la CBS mostraba a individuos revolviendo contenedores en el Mercat de la Boquería de Barcelona para ilustrar una crónica en la que se afirmaba: “En España hoy es normal buscar comida en la basura”. Ese mismo día, al hilo de las tensiones entre Madrid y Barcelona de las últimas semanas, la BBC advertía de que “el resurgir de las dos Españas” convierte al país en “bomba y detonador”.

Salvado el atractivo del fútbol, en los últimos meses resulta imposible encontrar una referencia informativa sobre nuestro país en la prensa internacional que no hable de pobreza, conflictividad o malos presagios. Para los periódicos y noticiarios extranjeros, España se ha convertido en sinónimo de mala noticia. Y además, en abundancia. Las corresponsalías de las principales cabeceras se han visto reforzadas y en los últimos días han llegado nuevos enviados especiales para tomarle el pulso a un país al borde del rescate. Situada en el ojo del huracán, España es hoy el centro de todas las miradas. Los encargados de contar fuera lo que está ocurriendo dentro viven este momento entre la excitación informativa.

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